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El sector de los micropréstamos: ¿cómo funciona en España?

Fecha:
12 March, 2024
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Las empresas FinTech, dedicadas al crédito al consumo online, nacieron tras la crisis financiera mundial de 2008 como consecuencia de la falta de liquidez y financiación en el mercado financiero y como alternativa a la banca tradicional. Desde entonces, el sector del crédito tradicional se ha transformado: claros ejemplos son la disminución en miles de millones de euros de crédito concedidos por las entidades bancarias, así como el proceso de concentración que ha culminado con la reducción del número de bancos. Sin embargo, en el mismo periodo de tiempo la financiación no bancaria B2B y B2C ha experimentado un incremento exponencial. Según reconoce el Libro Blanco de Lending Online, publicado por la Asociación Española de FinTech e InsurTech (AEFI) en 2022, en 2019 las empresas dedicadas al crédito online registraron un volumen de financiación superior a los 1.300 millones de euros. Además, fue el sector que más creció, un 38%, llegando a suponer el 6% del total de los créditos personales concedidos en España.

Las empresas de micropréstamos asociadas a AEMIP, que operan dentro del segmento FinTech de financiación online, también han experimentado un importante auge. El hecho de que en los últimos años hayan entrado nuevos operadores de micropréstamos en el mercado español revela que este producto es una solución financiera altamente demandada por los consumidores. Los constantes cambios en las necesidades de los usuarios, sumado a las nuevas soluciones de IT, han permitido ofrecer una solución financiera innovadora, en línea, flexible, inmediata y responsable.

La tecnología puntera con la que cuentan las empresas asociadas a AEMIP, entre ellas KYC “Know your customer”, atención al cliente o sistemas informáticos avanzados, permite evaluar el nivel de riesgo y solvencia de los consumidores y verificar de forma ágil y certera la capacidad de pago de los clientes y, a su vez, ofrece al sector un acceso al crédito con las mejores condiciones posibles. Esa combinación de fuerte inversión tecnológica y agilidad decisoria diferencia al micropréstamo de otros productos financieros.

Cabe destacar, además, que las empresas que operan en este sector son no depositarias. Por tanto, a diferencia de la banca tradicional, que toma depósitos de sus clientes y accede a financiación interbancaria, las empresas de micropréstamos se financian con fondos propios, por lo que son ellas las que asumen el riesgo derivado de las operaciones que llevan a cabo.

Más allá de las herramientas propias del sector, nuestra actividad está sujeta a numerosas regulaciones, que tienen como objetivo cumplir con normas y estándares que velen por el buen funcionamiento del sector. Entre ellas, destaca la vigente Ley de Contratos de Crédito al Consumo de 2011, que establece unos parámetros de derechos y obligaciones para prestamistas y prestatarios. Así, atendiendo a dicha ley, ofrecemos a los consumidores información sobre los tipos de intereses vigentes cuando se comercializa cualquier producto de nuestros asociados, apostamos por un mayor control en la publicidad del crédito y garantizamos un exhaustivo examen del riesgo de la operación y de la solvencia del consumidor, entre otros.

Destacan también las regulaciones para prevenir el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, que aplican a las empresas de micropréstamos, y otras normas como la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios o la Ley sobre comercialización a distancia de servicios financieros destinados a los consumidores.

En consonancia con esa normativa, AEMIP ha dado un paso más allá, y como muestra de nuestra firme voluntad de proteger a los consumidores, evitar situaciones que puedan vulnerar los derechos de nuestros clientes y generar un clima de confianza dentro de la industria de los micropréstamos, la asociación ha fijado su propio marco de actuación para aportar aún más claridad y transparencia tanto a empresas como usuarios. De esta manera, nos hemos dotado de un Código de Buenas Prácticas, un verdadero ejercicio de autorregulación del sector en España. Se trata de un conjunto de normas deontológicas que incide sobre los puntos clave de la industria: evaluación de solvencia de clientes; políticas de publicidad y marketing; recobro de deudas; tratamiento de clientes con dificultades económicas; protección de datos personales y procedimiento de reclamaciones, entre otras. Todo en aras de garantizar una transacción segura y honesta, en la que todas las partes estén perfectamente informadas sobre las condiciones de la operación.

Ante todo, desde AEMIP estamos comprometidos con la protección del consumidor, y trabajamos para incrementar siempre la responsabilidad y la transparencia. Pero las acciones mencionadas deben ir acompañadas de un marco legal actualizado, claro y que aporte seguridad jurídica a todas las partes implicadas.

Entre las medidas que se pueden adoptar para contar con un mercado de mayor certidumbre se incluyen la tipificación de productos de crédito al consumo online en la Ley de Contratos de Crédito al Consumo, la adopción de fórmulas de cálculo de utilidad para aquellos productos financieros de poca cantidad y corta duración o la publicación bien por parte del Banco de España, bien por otro organismo público, de los tipos medios aplicados por el sector del micropréstamo. Respecto a esto último, el índice publicado por AEMIP podría ser un buen punto de partida. Una mayor claridad en el establecimiento de las normas de juego implicaría una mayor confianza a usuarios y entidades, impactando positivamente en nuestro sector y, por consiguiente, en las condiciones que podemos ofrecer a nuestros clientes.  En ese sentido, la futura trasposición al ordenamiento jurídico español de la nueva Directiva relativa a los contratos de crédito al consumo supone una valiosa oportunidad para que los legisladores regulen adecuadamente el sector del crédito al consumo en España, en particular las nuevas formas de financiación online provistas por las empresas FinTech, como los micropréstamos.